Miskito-Indianer in Nicaragua - Homepage Ulrich Epperlein

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NACHRICHTEN

BRÜDERGEMEINE IN DER MOSQUITIA

ETHNIEN IN DER MOSQUITIA  
Miskito-Indianer:
Zum Namen
Regionalsprache "Creol"
Miskito und Sprache
Musik der Miskito Breve reseña histórica de "Los Peregrinos de Nicaragua"
Zur Landfrage POSICION ANTE LOS CONFLICTOS DE PROPIEDAD A LA OPINION NACIONAL E INTERNACIONAL
Organisationen  
In der Moskitia geschehen ...

Mayangnas-Sumos

DOKUMENTATION

KARTEN UND DATEN

BILDERSEITEN

FRIEDENSDIENST IN NICARAGUA

ULRICH EPPERLEIN

Herrnhuter Missionshilfe, Bad Boll

Ethnien in der Mosquitia:  Miskitos

In der Moskitia geschehen (Januar/Februar 2005)

¿Sucedió en la Moskitia de Nicaragua?
Una aclaración necesaria

México, D. F., 30 de enero de 2005
Héctor Díaz-Polanco

Melesio Peter Espinoza escribió un texto delirante (“Sucedió en la Moskitia de Nicaragua”), que hizo circular por e-mail, en el que supuestamente da cuenta de lo sucedido durante una reunión (en Bilwi, Costa Atlántica) de los miembros del proyecto “Gobernar en la diversidad”, entre el 20 y 22 de enero pasado. El día 21, miembros del grupo de trabajo asistieron a una reunión con la directiva de YATAMA; y, según Espinoza, el “líder de dicha organización, Brooklyn Rivera y su directiva pusieron como condición” para que se realizara la reunión “que no estuviera presente Díaz-Polanco, petición que fue acatada por los organizadores.”

Asimismo, sostiene Espinoza que la razón por la que se impugnó mi participación radica en que durante mi trabajo en Nicaragua, como asesor de la Comisión Nacional de Autonomía, encargada del primer tramo del proceso de diseño de la autonomía en la Costa Atlántica, escribí “varios artículos y libros sobre el conflicto del pueblo miskito y los sandinistas en los cuales sostenía que el levantamiento de los costeños era auspiciado por intereses norteamericanos”. Esto, dice, “los líderes indígenas de la costa Atlántica” no lo olvidaron, y por ello quisieron hacerme ver que no era “bienvenido”.

Dado que esta fábula está fundada en una cadena de imprecisiones, verdades a medidas y falsedades, me veo en la necesidad de hacer algunas aclaraciones. Vamos por partes.

En primer lugar, la reunión fue un acto de cortesía del grupo de investigadores, realizada fuera de la agenda original, a la que podían asistir los miembros del equipo que así lo desearan. Como una muestra justamente de tolerancia y espíritu de diversidad, ni yo ni nadie se opuso a que se realizara dicha plática (que no se tuvo con otras agrupaciones políticas costeñas). Dada la vieja discrepancia política con el señor Brooklyn Rivera, y por elemental prudencia y sentido común, yo había decidido no asistir esa reunión (otros más tampoco asistieron), y todos los demás compañeros del equipo lo entendieron cuando manifesté que no asistiría. Así que mal podría ser declarado “no bienvenido” a una reunión a la que no tenía intención de asistir y había manifestado que no asistiría. Hasta donde sé, nunca se conoció que la directiva de YATAMA pusiera tal “condición” a las organizadoras del Proyecto para que se realizara la mencionada reunión. Por lo demás, YATAMA no estaba en posición de poner reservas o condición de ningún tipo al equipo de investigación, y menos impugnar sectariamente a persona alguna. En todo caso, esto tendrían que aclararlo las coordinadoras generales del proyecto (Xóchitl Leyva, Araceli Burguete y Shannon Speed). Pero estoy convencido de que éstas habrían rechazado enérgicamente una “condición” de esa naturaleza, por su carácter intolerante y grosero.

Evidentemente, el señor Espinoza quiere hacer pasar un hecho sin mayor trascendencia como un acto de humillación que yo habría sufrido, en venganza por supuestos agravios anteriores. Pero ya se sabe que no humilla quien quiere, sino quien puede. Si la intención de alguno era utilizar esa reunión para golpear políticamente, fracasó; y frustrado ante ese fracaso, se utiliza el medio pueril de “filtrar” una invención para escandalizar.

¿Qué hay detrás de todo esto? Hay, en segundo término, un hecho cierto: una vieja diferencia política entre quien esto escribe y el señor Rivera, actual líder de YATAMA. Así, pues, cuando Espinoza dice que “los líderes indígenas” de la Costa Atlántica no olvidaron la manera en que abordé el conflicto en los años ochenta, usa un plural abusivo. En realidad, tengo muy buena relación con la inmensa mayoría de los dirigentes costeños, tanto en el norte como en el sur. Así que el asunto de la diferencia es más singular de lo que el señor Espinoza quiere admitir: es con un dirigente que, en efecto, no quiere olvidar desacuerdos del pasado. Hablemos un poco, pues, de los orígenes de esas discrepancias. Me limitaré, para no cansarlos, a recordar tres:

  1. La primera tiene que ver con el hecho de que la organización en que entonces participaba el señor Rivera (mediados de los ochenta) recibía fondos y asesoría de aparatos de inteligencia y militares norteamericanos involucrados en la guerra contra el gobierno sandinista. Eso hoy parece que nadie lo pone en duda. Incluso, en una de las sesiones de Bilwi, un dirigente de YATAMA se refirió a ello desenfadadamente, como una cosa de lo más natural. En su momento escribí sobre ello y manifesté mi desacuerdo con esa práctica, debido a que el propósito de esos aparatos (particularmente de la CIA) no era promover la autonomía en la Costa, sino derribar un gobierno que le era adverso e imponer sus intereses. Aunque los receptores de esos fondos alegaban que era políticamente inocuo, el hecho es que finalmente esa práctica envenenaba el proceso de búsqueda de la paz y construcción de la autonomía en la Costa.

  2. Durante las negociaciones entre el gobierno sandinista y la organización que entonces lideraba el señor Rivera, la presencia de halcones reaganianos, en calidad de asesores de ésta, bloqueaba los acuerdos de paz y sobre autonomía. Tuve ocasión de participar en una de esas rondas, celebrada en la sede de la Cancillería (Secretaría de Relaciones Exteriores), en la Ciudad de México, en abril de 1985. Asistí como parte del equipo asesor sobre autonomía. Allí pude observar a un nutrido grupo de asesores norteamericanos que constantemente trabajaban para obstaculizar cualquier acuerdo que condujera hacia un compromiso favorable al desarrollo de un régimen de autonomía en la Costa Atlántica. En aquella reunión, y ante la agresividad y la manipulación de lo asesores norteamericanos, la lidereza miskita Hazel Law tuvo que enfrentarse a esos personeros (en su mayoría miembros de “tanques pensantes” de la época) a fin de facilitar los mínimos acuerdos. En aquella ocasión también manifesté mi crítica al accionar de aquellos asesores del señor Rivera.

  3. Ya establecido el régimen de autonomía en la Costa, y elegidos en 1990 los Consejos Regionales Autónomos, el señor Rivera se puso al frente del organismo creado por el gobierno liberal de la presidenta Violeta Barrios, entidad centralista que tenía el evidente propósito de torpedear el incipiente proceso de autonomía. Cuando apenas los costeños iniciaban su experiencia de autogobernarse, desde el gobierno central se inventaba un instrumento anti autonómico (el INDERA), y Rivera lo encabezaba. El gobierno liberal no quería ni oír hablar de autonomía. Como lo recuerdan Wilson, González y Mercado: “No había [por parte del gobierno central] siquiera un reconocimiento respecto a la legitimidad del régimen de autonomía, y prevalecía la ignorancia histórica respecto a la Costa Caribe. Ambos factores convergieron en la decisión de crear un instituto en Managua –INDERA– para “manejar” las relaciones con la Costa y en la cual Brooklyn Rivera fue nombrado como su director. Esta decisión, además de aumentar más las tensiones internas y división entre la dirigencia de YATAMA, provocó la oposición cohesionada de los gobiernos regionales que vieron en INDERA una impedimento contra su autoridad como representantes electos de la Costa”. (Cf. Lestel Wilson, Miguel González, Evaristo Mercado, “La Experiencia de Lucha de Yapti Tasba Masraka Nanih Asla Takanka (YATAMA) en el Proceso de Autonomía de la Costa Caribe de Nicaragua”, Proyecto Gobernar en la diversidad: Experiencias de construcción de ciudadanía multicultural en América Latina. Una investigación colaborativa, 2005). También en esta ocasión manifesté públicamente mi desacuerdo con esa actuación del señor Rivera; y como se ve, las autoridades autonómicas costeñas compartieron ese criterio.

Como puede apreciarse, sí hay razones para que el señor Rivera no tenga simpatía hacia mi persona. Pero no se trata de nada personal, ni mucho menos contra YATAMA, sino de añejas discrepancias políticas muy puntuales. He procurado ser sincero en cada caso y expresar abierta y francamente mi punto de vista. Entiendo que es motivo para no simpatizar, pero no para mantener rencores, ni mucho menos para intentar, interpósita persona, una maniobra de desprestigio. He sostenido posiciones claras sobre las situaciones mencionadas, y sobre otras, porque expresaban lo que pienso. Quizás habría sido más fácil y “conveniente” callar o alabar. Ya lo dijo Dostoievski: “Nada es más difícil que la franqueza y nada es más fácil que la adulación”.

Para finalizar, diré unas palabras sobre la afirmación que me atribuye el señor Espinoza en el sentido de haber sostenido yo “que el levantamiento de los costeños era auspiciado por intereses norteamericanos”. Fue exactamente al revés. En cuanto el equipo de mexicanos invitados en 1984 a Nicaragua concluimos nuestro primer recorrido por la Costa, que nos permitió tener una inicial idea del proceso y la situación, elaboramos varios informes en el que expresábamos múltiples ideas básicas: 1) Era equivocado equiparar a la contra con los costeños levantados en armas. En general, la primera era claramente un instrumento del gobierno norteamericano y la fuerza principal de la “guerra de baja intensidad” (estrenada en Centroamérica como arma contra cualquier manifestación popular de descontento); mientras que los rebeldes de la Costa respondían a históricas condiciones endógenas de la región y enarbolaban una reivindicación perfectamente legítima: la autonomía (aunque no siempre se expresara con ese término). 2) Era erróneo suponer, por tanto, que la rebeldía “étnico-nacional” fuera un simple efecto de los intereses norteamericanos. Había que ir a fondo en los procesos internos que, en realidad, provocaban dicha rebeldía. Aunque esto último no debía llevar a la ingenuidad de suponer que, una vez desatado el levantamiento, el gobierno norteamericano no haría todo lo posible por articular aquella lucha legítima a sus planes intervencionistas, como muy pronto quedaría diáfanamente de manifiesto. 3) En ese marco, la lucha de los costeños y el consecuente derecho a la autonomía, debían verse, no como cuestiones adversas a la revolución sandinista, sino como algo coincidente con los principios y aspiraciones de la misma revolución. Etcétera. Lo resumido, aunado a un señalamiento claro de los errores de los sandinistas, lo sostuvimos en informes de trabajo y públicamente, y en esa posición nos mantuvimos. (Véase, por ejemplo, el informe interno del FSLN de diciembre de 1984,  en cuya elaboración participamos López y Rivas y un servidor, incluido en “El proceso de autonomía de la Costa Atlántica de Nicaragua”, G. López y Rivas y A. Castellanos, El debate de la nación, Claves Latinoamericanas, México, 1992, pp. 91-108). De hecho, era la legitimidad y el origen costeño de las reivindicaciones de autogobierno lo que daba sustento y fundamento a nuestra insistencia desde el principio en la necesidad de adoptar la autonomía como salida justa y duradera. Esa perspectiva fue la que permitió al sandinismo separar: a) la lucha frente a la contrarrevolución, de b) la lucha de los costeños (que tenía otro origen) y del proceso que debía conducir a impulsar la autonomía (que no debían combatirse como enemigos, sino promoverse), lo que llevó, entre otros factores importantes, finalmente al régimen autonómico de la Costa.

Ahora bien, cuando fueron evidentes las acciones y maniobras reaganianas que impactaban la Costa (desde la manipulación de poblaciones enteras hasta el Plan Irán-contra) no dejamos de señalar el intervencionismo y el manejo encaminados a apuntalar los intereses norteamericanos. Y señalamos hechos, organismos, “tanques pensantes” (v. gr., el tristemente célebre ILRC) y, cuando fue el caso, personas involucradas en las operaciones. Pero es claro que de esos señalamientos muy puntuales no se deduce que pensáramos que el levantamiento costeño, más que justificado, era meramente un fenómeno “auspiciado por intereses norteamericanos”. A menos que el señor Espinoza piense que el señalamiento a alguna persona en particular, se extiende como por arte de magia a “todos los costeños” y a todos sus líderes. Esa es una forma muy retorcida de identificar lo particular con lo general o de hacer de alguna persona la encarnación casi mística de la Costa. Por cierto, en ninguna de las ocasiones en que he visitado la Costa en los últimos lustros, me he encontrado con líderes costeños que tengan la interpretación de mis opiniones sobre el levantamiento que expresa el señor Espinoza. Me parece que es una interpretación que tiene el sello de una visión muy particular y sectaria.

En todos los casos en que he hecho trabajo con grupos y/u organizaciones indígenas en México, Guatemala, Honduras, Colombia, Ecuador, Venezuela, Chile, etcétera, siempre he sido crítico (hacia fuera y hacia adentro de los movimientos) porque creo que es mi responsabilidad y porque juzgo, con Lippmann (por cierto, un conservador), que a menudo allí donde “todos piensan de la misma manera, nadie piensa”. En ningún caso eso ha afectado los buenos lazos con las organizaciones, que aprecian la actitud crítica más de lo que algunos se imaginan; en todos los casos, mantengo excelentes relaciones de respeto mutuo y cordialidad, que muestran que esos grupos y líderes no confunden el juicio crítico con la maledicencia o la insidia. Lamento que en el caso de algunas personas no sea así. Como dicen en México: pues ni modo.

 

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