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Naturkatastrophen :: Catástrofes naturales
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Dos mujeres de Puerto Cabezas elevan sus oraciones al Creador en los restos de una iglesia destruida por el efecto devastador del huracán “Félix”. Para muchos costeños esto pareció ser un ensayo del fin del mundo. Fermín López / END |
Tal y como lo había
pronosticado la alcaldesa de Puerto Cabezas, Nancy Elizabeth
Enríquez, los caribeños de la Región Autónoma del Atlántico
Norte, RAAN, vivieron una desgracia ante la llegada del
huracán “Félix”.
“Vamos a tener bastante desgracia si el huracán nos llega a
pegar”, decía el lunes Enríquez. Ayer sus temores se hicieron
realidad. “No hay alimentos, no hay agua, no hay víveres”.
A las 4:20 de la madrugada los vientos dejaron de ser
normales en Puerto Cabeza y desde esa hora comenzó el azote
para los caribeños.
En las calles reinaba un exterminador invisible que arrancaba
árboles, casas, techos, botaba postes y hacía que todo
bailara la danza del desastre en el aire, que flagelaba con
vientos máximos de 260 kilómetros en horas de la mañana de
ayer.
Cinco mil 505 casas destruidas, tanto parcial como totalmente
en toda la región, fue el resultado preliminar ayer por la
tarde, cuando ya se habían apaciguado las lluvias tormentosas
y sólo nubes marrones se veían en el horizonte.
Después de haber visto los techos elevarse en los aires,
incluso el techado de los albergues, los árboles balancearse
de manera apocalíptica, tirados por un poder sobrenatural,
era increíble la tranquilidad y el silencio que reinaba en
las calles a las 4:00 de la tarde.
Al menos mil damnificados, que estaban refugiados en dos
iglesias, sintieron sobre sus cabezas la furia del poderoso
“Félix”. Los techos de las iglesias Santa Trinidad, donde
había 800 refugiados, y Ebenezer: Asambleas de Dios, ubicada
en el barrio Alemán y donde se encontraban 200 personas, se
despegaron de las vigas a las que estaban sostenidas por los
potentes vientos y se perdieron en la lejanía. Un hospital
improvisado en el Inatec y la casa regional de gobierno
también sufrieron daños por el azote de “Félix”.
Al medio día de ayer se
podían observar en las calles de Puerto Cabezas cables de
teléfono en el suelo, centenares de árboles derribados de
raíz, postes del tendido eléctrico caídos, que no sólo
evidenciaban la fuerza del huracán “Félix”, sino que también
eran los principales obstáculos para las personas y los
vehículos.
En la RAAS se reportaron 105 familias evacuadas en Laguna de
Perlas, Tasbapounie y Set Net Point, manifestó Lourdes
Aguilar, del Comité de Emergencia de la RAAS.
Asimismo, el recinto de la Uraccan, situado en la comunidad
indígena de Kamla, a seis kilómetros de la cabecera
departamental de Bilwi, sufrió serios daños en sus edificios,
aproximadamente más del 80 por ciento, de acuerdo a Sandra
Davis, docente y coordinadora de la carrera de Sociología.
En este lugar se refugiaron más de 500 personas, en su
mayoría mujeres acompañadas de niños de la comunidad de
Tuapí, cercana al recinto.
A las 5:00 de la tarde, el Centro de Operaciones de
Emergencia del Ejército reportó un informe preliminar donde
informaba de mil 200 viviendas devastadas en Puerto Cabezas;
3 mil 500 en Sandy Bay; 180 en Krukina y 125 en Cuabí. 35 mil
35 personas se encontraban afectadas en toda la región.
Las informaciones preliminares informaban de once heridos,
cuatro fracturados, siete con golpes leves y cuatro muertos.
Uno de los fallecidos fue una bebé que murió de frío, dos
mujeres, una llamada Rosario Méndez y otra Antonia Lagos, y
un hombre que murió cuando reparaba su casa. Trece mil 500
personas fueron evacuadas en total.
Cuando los vientos
cesaron, los habitantes de Puerto Cabezas tomaron la
iniciativa para comenzar a limpiar sus barrios. Al atardecer
de ayer, se podían ver en las calles a las personas cortando
con motosierras los árboles derribados de raíz por el
huracán.
El Instituto Nicaragüense de Energía mandó a traer diez
cuadrillas para reestablecer el servicio eléctrico de Puerto
Cabezas, ya que los habitantes estaban incomunicados desde
que el meteoro toco tierra. Después de todo, la desgracia de
“Félix” no fue tan trágica como lo había presagiado la
alcaldesa Nancy Elizabeth Enríquez, y al anochecer sólo quedó
la misma ciudad tropical silenciosa y con olor a humedad del
Caribe, pero esta vez en ruinas.
El Nuevo Diario
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5. September 2007
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